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CEFALEA EN NIÑOS
LESIONES INTRACRANEALES
Conmoción o concusión cerebral: Vibración momentánea del parénquima cerebral que puede causar
pérdida breve de conciencia, amnesia del episodio o retrógrada, confusión, irritabilidad, desorientación,
convulsión generalizada inmediatamente después del trauma, cefalea, náuseas, vómito y mareo (ver TCE
cerrado menor).
Contusión cerebral: Lesión de la corteza cerebral con daño vascular microscópico sin hematoma, causada
por el efecto de rebote del encéfalo (aceleración/desaceleración) o por trauma directo, sin solución de
continuidad en la piamadre.
Laceración cerebral: Lesión caracterizada por solución de continuidad en la piamadre del encéfalo.
Lesión axonal difusa: Causada por súbitas fuerzas de desaceleración que producen disrupción axonal
usualmente con disfunción cerebral global y pérdida de la conciencia.
Hematoma epidural: Usualmente es muy agresivo y rápidamente produce HIC, en niños la clínica típica con
pérdida breve de la conciencia seguida por un período de lucidez y posterior deterioro neurológico puede no
ocurrir o acontecer en la escena del trauma y no ser presenciada por el personal de salud. Se asocia a
fracturas de cráneo en 75-80%, se origina en la arteria meníngea media, ocasionalmente en venas diploicas
en la fosa posterior, vena meníngea media o en senos venosos durales. Es infrecuente en los niños menores
de 2 años en los cuales la arteria meníngea media aún no está adherida al hueso. En la Tomografía tiene
forma lenticular (ubicado entre la dura y el cráneo), generalmente unilateral.
Hematoma subdural: Por lo general tiene una sintomatología lentamente progresiva. Se asocia con
fracturas de cráneo en 30%, es de origen venoso (venas penetrantes o conectoras) en la mayoría de los
casos. Es más frecuente que el epidural principalmente en menores de un año y se asocia a convulsiones,
hemorragias retinianas, aumento del perímetro cefálico en lactantes, cefalea, vómito, irritabilidad o
somnolencia y puede causar fiebre de baja intensidad en su presentación subaguda o crónica. En la
Tomografía tiene forma semilunar (ubicado entre la aracnoides y la dura).
Hematoma intraparenquimatoso: Puede originar focalización. Por estar contenido por el parénquima
cerebral, puede usarse manitol IV para manejar el edema cerebral, pero puede requerir tratamiento quirúrgico.
Hemorragia subaracnoidea: Por ruptura de pequeños vasos en los ventrículos o en el espacio
subaracnoideo con sangrado hacia el LCR. Ocurre en TCE moderado o severo y puede causar
vasoespasmo e isquemia cerebral.
EVALUACION DEL NIÑO CON TCE El paciente con TCE debe ser abordado bajo el esquema de reanimación
en trauma siguiendo el ABCDE para hacer una evaluación inicial o primaria. Después de realizar el ABC y
estabilizar al niño se evalúa la discapacidad (“D”) o déficit neurológico. Para el estado de conciencia se
emplea la escala de puntaje de  Glasgow -PG- (Recomendación C5-8), la cual tiene variaciones importantes
en los lactantes especialmente por las diferencias en su capacidad de respuesta verbal (Ver tabla No. 1). En
niños intubados la respuesta motora es el parámetro más importante. De acuerdo al PG el TCE puede ser
clasificado como leve: 13-15, moderado: 9-12 y severo: 3-8. El término TCE menor ha sido usado como
sinónimo de TCE leve pero también para referirse a un PG de 14-15 o de 15. La postura de decorticación
indica lesiones hemisféricas cerebrales (corteza, sustancia blanca o los ganglios basales) y se caracteriza
por flexión anormal al dolor. La postura de descerebración indica afección por debajo del mesencéfalo se
caracteriza por extensión anormal al dolor. Un PG normal no excluye déficit focal y este se indaga dentro de
la evaluación del déficit neurológico, además se valoran las pupilas (tamaño y reactividad), la presencia de
síndrome de herniación y se realiza fondo de ojo. La herniación del uncus del lóbulo temporal causa midriasis
unilateral; la herniación central (tallo) produce alteración de la conciencia, respiración irregular, pupilas
midriáticas asimétricas progresivamente no reactivas e hipertonía, finalmente la triada de Cushing
(bradicardia, HTA y respiración irregular o apnea). Una vez se estabilice o se confirme su estabilidad se
procede en una evaluación secundaria a interrogar a los informantes respecto al mecanismo del trauma,
síntomas y signos presentados y los antecedentes (nemotecnia “AMPLE” por la sigla en inglés de alergias,
medicamentos, antecedentes personales, última comida, eventos que causaron el trauma), se hace un
examen físico detallado y se solicitan ayudas diagnósticas. Si hay disponibilidad de recurso humano un
miembro del equipo puede efectuar la anamnesis mientras se realiza la evaluación primaria. Es importante
resaltar que durante la reanimación se verifican e intervienen oportunamente problemas distintos al TCE, se
determina si estos son prioritarios o no y se reevalúa al niño.